sábado, 28 de noviembre de 2015

Sueños y Vigilia, Fantasías y Realidad


Sueño, luego ¿existo? Estoy  despierto, percibo el mundo exterior y la ebullición de mi mundo interior, luego ¿existo? Ambas realidades mías, la onírica y la vigilia, son absolutamente mías. Percibo al mundo externo a través de mis sentidos, y percibo al propio tiempo a través de mi vida mental y emocional, mi realidad interior. Pero ese conjunto de sensaciones y percepciones no existen sin mí, sin mi participación. Puedo decir que el mundo existe pero también lo contrario si no es a través de mi participación. Centrado en el sueño y la vigilia, arbitrariamente le doy un rol a cada uno en mi realidad. Con el término sueño, incluyo a la actividad mental de la imaginación, las percepciones interiores, en fin, a todo mi mundo interior, con o sin conciencia, y hago una operación mental separándolo de lo que llamo “el mundo real”, la exterioridad en la cual me incluyo como ser biológico. Pero esa separación entre el “mundo real” y, llamémoslo así, “mundo virtual”, es absolutamente arbitraria y tiene fines puramente utilitarios para la vida cotidiana y las relaciones sociales. Pero si decido abandonar lo arbitrario y permito el juego de mis percepciones, sensaciones, emociones, pensamientos, elucubraciones, y hago interactuar mis sentidos, que son mucho más que cinco y sus percepciones del mundo exterior (aunque en realidad no es “el mundo exterior” sino mi aprehensión particular de él) con mi mundo interior, al que no dudo en definir como propio, personal y hasta prácticamente intransferible, compruebo que tanto puedo soñar una realidad como vivir un sueño. En otras palabras, mi realidad no es unívoca ni se encuentra encasillada en compartimientos estancos. Variable, dúctil y versátil, esa realidad me señala, ahora, en este momento en que estoy escribiendo, que es parte de un sueño. Sueño que escribo, que estoy escuchando radio, que ya es hora de almorzar aunque no tengo hambre, que hace calor, etc. Todo eso que siento y percibo es parte de un sueño. Y en mi vigilia, como si estuviera dormido y soñando, mi mente percibe, no construye, percibe otra realidad, o la misma transfigurada, y el mundo interior plagado de recuerdos, sensaciones e imágenes cobra vida, tan real, tan verídica, tan verdadera como la mencionada anteriormente. Y digo que percibe y no construye porque, a priori, acepto darles el mismo valor, la misma consistencia en cuanto a veracidad de mí mismo. ¿Y qué sucede en esa realidad virtual, como la definí anteriormente? Estoy en una cancha de golf, practicando el primer tiro del hoyo uno, salto a una radio donde estoy hablando de futuras políticas de Salud, o estoy almorzando con ella en un restaurante de la ciudad, y todo esto  es tan real como lo que veo ahora escrito en la pantalla. Ambas realidades son igualmente válidas para mí, y si le puse el mote de virtual a una es para explicarme mejor, no que  lo necesite para entenderme. La voluntad de liberar las realidades oníricas y de vigilia y que ocupen mi mente de acuerdo a los deseos de mi yo integrado sin recursos arbitrarios de divisiones (donde buscando claridad a menudo todo oscurece), el mundo propio se expande. Si toco pero no toco, si veo pero no veo, si oigo pero no oigo, si hablo pero no hablo, si escribo pero no escribo tiene para mí igual valor, igual peso y consistencia que si toco y parece que toco, si veo y parece que veo, etc.

Vuelvo a la palabra construir, que arriba descarté. Construyo una realidad virtual, onírica, imaginativa, impregnada de recuerdos, ideas, elucubraciones y sensaciones varias. Y también construyo una realidad en la vigilia, impregnada de percepciones del mundo exterior y vivencias y sensaciones interiores. Construyo y desarmo, y las hago interactuar. Se ensamblan esas construcciones, participan de un mundo interior muy particular donde la mente encendida deja circular corrientes variadas sin preconceptos, sin valoraciones, sin filtros. Es algo así como “lo tuyo”, “lo mío” y “lo nuestro” en una pareja, donde la democracia reina y no hay jerarquías, hay respeto, comprensión y comunicación. Interactúan, y se acompañan. Así es como el mundo propio y personal puede funcionar consigo mismo, sin calificaciones ni descalificaciones, sin conflictos, sin rencores ni remordimientos, valorando sin escalas “todo lo que es mío”, y dejándose llevar por el juego de las interacciones como de los protagonismos temporarios. Ejemplo: Estoy con un grupo de trabajo elaborando estrategias para llevar adelante un plan de Salud comunitario. Sé entonces por dónde haré circular las corrientes de energía de la mente, abocada a encontrar  material interno como a valorar el material externo volcado en ese momento por el grupo. Por otra parte, estoy acostado en la cama, solo, descanso, escucho música, bebo algo, fumo un cigarrillo, deseo tenerla a ella a mi lado, sentirla a mi lado, que ha recostado la cabeza sobre mi pecho, paso un brazo por debajo de ella sintiendo su espalda, la mano en el hombro, el pelo derramado sobre mi cara y  mi cuello, sus piernas acurrucadas contra las mías, me mira de pronto y sonríe, la beso, me besa… Tanto lo uno como lo otro son mi realidad, que simplemente “es” y no requiere verificación.

Herman Hesse en “El lobo estepario” hablaba de “abandonar este tiempo, este mundo, esta realidad, y entrar en otra realidad más adecuada a uno, en un mundo sin tiempo, en ese mundo que uno sabe dónde se oculta, porque es el mundo de la propia alma; que nadie puede darle nada, a otro, que no exista ya dentro de sí mismo, y que sólo puede ser dada la ocasión, el impulso, la clave, para  ayudar a hacer visible el propio mundo.” Hablaba también de “...la idea equivocada de que el hombre sea una unidad permanente, ya que consta de una multitud de almas, o yos, cuya separación de la aparente unidad, se tiene por locura. Se puede completar con ellas distintas figuras, mediante el arte reconstructivo, acoplando los trozos siempre en el orden que se quiera, para lograr una ilimitada diversidad del juego de la vida, con pedazos de sí mismo, todos parecidos entre sí desde cierta distancia, todos como pertenecientes a un mismo mundo, como comprometidos al mismo origen, pero cada uno, sin embargo, enteramente nuevo. Esto es el arte de vivir; se puede animar, complicar y enriquecer al propio capricho  el juego de la vida, y los deseos, sueños y posibilidades, previamente vivos sólo en la fantasía, cobrarán entonces realidad y tomarán vida.” 
Hace un tiempo escribí esto:
                                                  A  HORCAJADAS
    Dicen que cuando la ficción supera a la realidad, ésta, irritada, pega un brinco y se  monta a horcajadas sobre la ficción. Se afirma sobre sus muslos duritos con las piernas entreabiertas, la  contempla con mal disimulada furia, las crenchas sobre la cara, luego lanza una sonora carcajada mientras toma entre sus manos crispadas esa cabeza de locas ideas y elucubraciones, se inclina sobre ese rostro, que ya no desea otra más que  eso, y con la boca muy abierta, muerde, muerde en los labios, muerde en las mejillas, muerde  orejas, muerde  párpados, muerde la nariz de fino olfato, muerde nuevamente esa boca idílica y sutil, y  se prende de ella hasta hacerla sangrar, y entonces bebe, bebe a tragos necesitados y vehementes esa savia espesa, dulce y salada, que brota y fluye en dilatados borbotones  y tiñe hasta el cuello con su  carmín pegajoso. Sorbe esa viscosa  fragancia hasta la saciedad, y poco a poco, la engulle, la devora  hasta su completa asimilación.
     Cuando la ficción vuelve en sí, descubre con asombro que ya es parte de esa realidad, aunque presiente, muy dentro suyo, que otra realidad ya se apronta para saltar sobre ellas y montarlas a horcajadas.
Dos visiones de una sola visión. Dos maneras de describir lo mismo. Otra más:
          
                               AY, SOFÍA

         Sofía regresaba a su casa, por la tarde, la calle  estaba desierta y escuchaba sus pasos rítmicos contra las baldosas de la vereda. Unos labios húmedos  te recorren la garganta, se prenden de los botones de tu pecho, transitan tu abdomen dejando un rastro  de pelos sesgados, te besan en las ingles, alternadamente lo hacen. El susurro del viento entre las hojas de los árboles le recordó de pronto otra calle, otro destino, claro que era más joven. Luego dejan espacio a los dientes que muerden  la piel del pubis, muerden entre la maraña del vello, muerden los bordes del miembro, lo circundan dejando por momentos el espacio a  la lengua que saborea de antemano  promesas más agitadas.. Aún lo soy, pensó, o creyó pensarlo, sin saber a qué atribuir el origen de esa inquietud. Pasean los labios por el dorso y se apoderan del extremo más sensible. La cartera de cuero colgaba de un hombro y se aferró con energía a la correa, como el soldado sostiene el fusil. Ya dentro de la concavidad de su boca, no respiras esperando adivinar la llegada  del placer o del cuasi dolor. Claro que no voy a la guerra, volvió a cavilar, ¿o si?, y se estremeció al descubrir el jardín y luego el camino de entrada de su casa. Bajan sus labios una vez más, viajan por el interior de tus muslos, una y otra vez, hasta que su lengua se apodera, erecta y segura, de tu centro. ¿Mi casa?, recapacitó con sobresalto, y la inundó súbitamente una sensación de extrañeza. Se demora y juega, endureciendo los músculos de la cara, mientras sus manos se unen,  allá arriba, sostén íntegramente robusto. Algo anda mal, si no quiero reconocer lo que conozco y sé mío. De pronto, Sofía decide regresar hacia la adhesión simétrica,  con húmedas escalas.  Los pájaros vespertinos, con variados, y agudos trinos, como la luz de la tarde que se filtraba entre las hojas de los árboles, enturbió y finalmente cubrió el flujo de pensamientos  que alguna rendija espontánea había dejado escapar. Paseas las manos por su boca, luego por su cuello, por sus senos, su vientre, y ya los labios de Sofía se apoderan de los tuyos cuando se enfunda buscando el perfecto contacto. Escapar...escapar ¿hacia dónde?, y entonces mordió con fuerza algo intangible entre los dientes, la mirada perdió brillo, y se endureció desde los músculos de la nuca. Ella se estremece con movimientos circulares de su pelvis  en cadencia perfecta.  Se aferró aún más a la correa, que desprendió del hombro al pisar el porche de lajas de la casa. La piel  tiembla sobre la piel, las bocas y las lenguas asisten al juego de los dos sentidos y las manos se agitan como anguilas en busca de esto,  eso o aquello, que empieza a brotar desde distintos puntos, como estrellas en la noche que se abre. Metió la otra mano en el bolso, extrajo un manojo de llaves, seleccionó una con gesto automático, la hundió en la cerradura, y al sentir el  crujido de metales, se detuvo. Esto, eso y aquello van tomando una forma singular que irradia luz, color, y sonido, hasta que el todo comienza a latir con pulso agitado.  Empujaré la puerta, entraré, y volveré a ser yo misma, se dijo con una voz que apenas logró reconocer como propia. La marea ascendente marca el sístole diástole de los cuerpos que se unen y se desprenden  y se derraman entre si y para sí.... Mi propia vida aquí, dentro de esta casa…, y caminaba por el pasillo, apoyaba en una mesa la cartera y las llaves, se quitaba el abrigo, y entraba en su cuarto.

Interludio.

Se detuvo, volvió sobre sus pasos, pasos que nuevamente  no reconocía como propios, tomó el abrigo, alzó la cartera y las llaves y, antes de  llegar a la puerta, ésta se abrió con el  gemido prolongado de siempre. Él pasea morosamente una mano, recorriendo como legítimo dueño  la forma dormida de Sofía...   Una sombra alargada se enmarcó en la contrastante luz exterior. Busca despertarla, volverla en sí, busca el regreso. La voz masculina de siempre  la saludó. Comienza a besarla, desde la cintura comienza a besarla.. No pudo responder. Y la mano cubre el nacimiento de los muslos.. Uno responde a las voces que conoce, pensó, mientras él se acercaba. La boca se arrima a la mano, y hunde la lengua en la profundidad de Sofía.. Persistió inmóvil. Sofía respira entrecortadamente y lo toma de los cabellos revueltos. Dura como piedra, recibió una mano sobre su hombro y unos labios que buscaron los suyos. Él parte en dos a Sofía  con la boca entreabierta; la lengua embate como arma que se sabe precursora. Respiró hondamente y comenzó a caminar hacia la puerta. Hay quejas y gritos entrecortados de ambas partes. Alguna persona que conozco, o que en realidad no conozco me está empujando hacia fuera de mi casa, pensó. Él se vuelve,  y asciende con la boca, como gusano pegado a un tronco. Y entonces sintió el contacto de la mano y de los labios.  Se encuentran nuevamente simétricos y ondulantes.. Se detuvo y se volvió. Se demoran, nada los asusta, nada los apura, nada los detiene. Lo observó mientras él caminaba por el living. Alcanzan el momento... Me voy, me quedo, me voy, me quedo...Con las bocas, con la piel, con el centro de la pelvis, con el sexo íntegro.
     -Hola...- la voz se desprendió de ella como un alumbramiento. Las hojas de los árboles caducos, caen poco a poco hasta desnudar las ramas cuando culmina el otoño. Algo parecido le ocurrió a ella en ese momento, pero a la inversa, y rápidamente. Se cubrió de hojas que treparon desde el piso por sus piernas, por su torso, por sus brazos  y su cuello, hasta cubrir el cuerpo entero,  mientras viraban del marrón oscuro al verde brillante. “Sí, es cierto, era otra y ahora soy otra”, pensó al mismo tiempo que un deseo incierto circuló por sus venas. “Cuando te encuentre lo sabré”, se dijo, y lo tomó de un brazo, y cuando él se volvió, le devolvió el beso.
    Los ruidos y sonidos de la noche se filtraban por la ventana entreabierta del dormitorio. Las cortinas, leves, se estremecían con la brisa, y los grillos custodiaban el jardín. Poseen el don de la oportunidad, y callan ante un paseante nocturno, alertando con el silencio al que duerme, que de pronto despierta y no sabe porqué lo hace...
   Ay, Sofía, que despertó de pronto con el silencio. Respiraba agitadamente, acostada boca arriba, pues al volver en sí la invadió la confusa sensación de extrañeza que provocaba esa inexplicable pero  imperiosa necesidad de incorporarse, vestirse, tomar la cartera y las llaves y salir corriendo hacia ninguna parte...



Sueño y vigilia, fantasía y realidad. Ondas de radio de distinta frecuencia, que percibe un mismo receptor y que arbitrariamente codifica y cataloga…Y para evitar el ruido y la posible confusión, establece el cuándo y el cómo para cada cual y asimismo elabora una escala de valores en base a una supuesta utilidad para encarar la vida cotidiana. Pero no percibe la necesidad vital de la mente de liberarse de esas ataduras y bloqueos y manifestarse abiertamente por los canales que encuentre oportunos en cada momento para canalizar la energía sin discriminar ni su origen ni su destino.